29 de abril de 2011

EL MUSICAL SOBRE EL LIBRO DE MORMÓN: ¿QUÉ HAY DE GAY EN ÉL?


Johnsen: "Ser capaz de revivir mi misión SUD es una experiencia que estoy disfrutando en cada respiracón."


Inspiración gay, temática gay, un personaje gay y al menos dos hombres gays son algunas de las razones por las cuales Trey Parker, Matt Stone, Robert Lopez y el musical sobre El Libro de Mormón (junto con Priscilla, Reina del Desierto), es uno de los más alegres shows de Broadway.
“Trey y yo pasamos algún tiempo caminando por el centro de Salt Lake, comiendo en restaurantes al azar”, dijo Matt Stone al periódico The Salt Lake Tribune, como parte del proceso creativo. Siempre preguntábamos al garzón, que por lo general tenía unos 25 años de edad y era de nivel post-universitario. “¿Conoce a algún misionero mormón?” Todos respondían “¡Sí, yo!” o “¿Aquel, allí!”
Entonces preguntábamos se conocían a alguien gay en la glesia y respondían: “¡Sí, yo!”
“Un joven fue a Camboya y tuvo una experiencia horrible allí, no con la Iglesia, sino con los nativos. Fue realmente conmovedor. Entonces conocí a un mormón gay que había sido excomulgado de la Iglesia. Su historia era increíblemente emocionante, también.” Los creadores de South Park incluyeron a un misionero mormón gay en su musical, élder McKinley, quien expresa su deseo de reprimir su orientación sexual en la canción. “McKinley quiere que su homosexualidad sea eliminada”, como declaró el actor Rory O’Malley a Brandon Voss para un artículo publicado en The Advocate. “Para ser un mormón perfecto, él tiene que poner sus sentimientos lejos.” O’Malley sabe una o dos cosas sobre este proceso, pues él tiene un trasfondo religioso conservador y tuvo que luchar para salir como un hombre gay.”
“Siento que he estudiado este personaje por unos 19 años, como un chico irlandés católico enclaustrado, con una fuerte fe”, dijo O’Malley. “Yo era monaguillo y oraba para que Dios cambiara los sentimientos que tenía. Salir del armario fue definitivamente un proceso.”

El musical también incluyó en el elenco a un actor que en la realidad viene del mormonismo, Clark Johnsen, que es bien conocido por su trabajo en apoyo a los mormones gays y las mormonas lesbianas a través de clps en Youtube. A pesar de que no actúa como el élder McKinley, Clark es parte del elenco misionero e incluso hace una breve aparición como Brigham Young.
“Ser capaz de revivir una experiencia que se vivió en una misión mormona es una experiencia rara, y es lo que me gusta a cada respiración”, dice Clark en su blog. “El show está increíblemente bien escrito, bien actuado, bien dirigido y bien coreografiado. Es una de esas raras experiencias teatrales donde las piezas se reunieron en la alquimia perfecta, para hacer oro macizo.”

Mi mayor sueño, hacer la Misión


"Todo empezó a cambiar cuando me decidí a enviar mis papeles para poder ir a una misión. Me sentía preparado, me sentía listo."

por Wagner Silveira Santos
Bahía – Brasil

Mi nombre es Wagner Silveira Santos, tengo 29 años y soy miembro de la iglesia hace diez años.
Antes de convertirme en miembro de la Iglesia ya me estaba involucrado con hombres, pero todavía estaba en la fase de negación. No me aceptaba tal como era, de hecho, con quien soy; entonces vivía en conflicto conmigo mismo. Y ya tenía en mente cambiar, dejando de hacer las cosas que creía que estaban equivocados. Por lo tanto, conocí a los misioneros, recibí las charlas y todo lo demás. Como deseaba desde el fondo de mi corazón hacer un cambio en mi vida entonces me agarré con uñas y dientes, leí el Libro de Mormón, oré y realmente obtuve la tan esperada respuesta sobre el Libro de Mormón.
Pero no fue fácil para mí, no; bautizarme fue una lucha, porque tenía una educación religiosa, nací en un hogar cristiano y de ahí se puede imaginar la locura que estaba en mi mente! Mi familia en ese momento no quería que yo me bautizara porque decían que la Iglesia era una secta, o sea, me dijeron un montón de tonterías acerca de la Iglesia. Pero decidí bautizarme, después de todo necesitaba un cambio, lo ansiaba, había orado, recibí la respuesta, entonces hice lo que era obvio y me bauticé.
Sólo que yo no tenía confianza en ellos, no los conocía, entonces para protegerme decidí no hablar de mi envolvimiento con hombres. En la entrevista del bautismo, quiero decir que no he mentido, omití cosas. Pero no me sentí mal por ello, no me sentía un pecador; al contrario la sensación después del bautismo fue maravillosa, una experiencia increíble, única en mi vida.
En ese momento supe lo que estaba haciendo era correcto. Lo más sorprendente era lo que sentía, no estaba sintiendo atracción por hombres; pensé que mi Dios me había sanado, que estaba libre. Me sentí limpio, puro, sin pecado.
Pero no todo es color de rosa en nuestras vidas...
Todo comenzó a cambiar cuando me decidí a enviar mis papeles para ir a una misión. Me sentía preparado, me sentía listo, porque hasta entonces no sentía atracción por los hombres, no como antes, porque me estaba controlando, no ocurrió inmediatamente, pero aquella alegría que yo sentía fue cambiando poco a poco y de nuevo me encontré pensando en hombres, y no eran los misioneros, a que siempre respeté.
Como decía, todo empezó a cambiar cuando me decidí a enviar mis papeles. Pasé la entrevista con mi obispo de esa época y todo iba bien, entonces él me hizo una pregunta que un miembro está cansado de ta saber, y le dije que no! Nunca me envolví con hombres. Pero me sentía mal por lo que dije y quería decir la verdad porque quería ir a una misión y quería ir puro y limpio, sin nada de qué preocuparme.
Entonces, en una segunda entrevista resolví hablar; el obispo me preguntó si hacía mucho tiempo desde que tuve relaciones con hombres. Le dije que sí, mucho antes de bautizarme; sin embargo, se volvió hacia mí y dijo, "Wagner, usted no irá a la misión.”
Eso para mí fue un shock tremendo, y todo se convirtió en una tormenta, pues pasé por entrevista nuevamente, pasé un tiempo sin tomar los sacramentos, pasé por el consejo disciplinario, etc. Pero aún así me mantuve en la Iglesia firme y fuerte.
Pero las cosas empezaron a desmoronarse. Comencé a ser perseguido dentro de la iglesia, toda la estaca supo de mí, comencé a sufrir perjuicio dentro de la iglesia. El más cruel de todos. El presidente de estaca hizo de mí lo peor de todos. No voy a relatarlo ahora, porque esto se está convirtiendo en una carta (se ríe). Pero él me echó de la casa de un miembro en el que yo me encontraba, cruel y fríamente; ni el miembro sabía el por qué, pero hizo lo que él dijo y me hizo salir de su casa. El asunto es que ellos iban a viajar y yo iba a cuidar a los hijos de ellos, que en esa época eran pequeños. Fue entonces cuando él entró y dijo: “¿Qué está haciendo aquí? Mario, échelo de aquí ahora mismo, mándelo a su casa.” Yo me quedé sin reaccionar en ese momento, porque no sabía lo que estaba sucediendo o lo que estaba haciendo conmigo.
En aquel momento quedé sin reacción alguna, no supe qué decir, solo percibí la mirada intolerante y homofóbica de ese hombre. Eso me dolió profundamente, pues soy gay, pero no soy pedófilo, nunca lo fui. Ese episodio nunca se borró de mi mente, me marcó hasta el día de hoy; nunca había sufrido tamaño prejuicio en mi vida, y tan cruel e inhumano como eso. La furia de aquél hombre con un chico de 19 años, que había ido a ese lugar solo para ayudar, pues amaba a aquella familia y ellos eran muy importantes para él. Pero la familia tampoco se involucró, se alejaron de mí, sin siquiera dar una explicación o decirme el motivo.
Me alejé de la iglesia después de eso, estuve fuera por dos años hasta que regresé de nuevo a la iglesia. Miembros me convenció de volver allí y así fue. Pero entonces aún tenía el conflicto existencial en mi vida luchando contra mi homosexualidad. Constantemente luchando para mantenerme firme. Pasé nuevamente por el consejo, que me desasoció de la iglesia durante casi un año pero todavía quería cambiar, no quería renunciar a ganar esta lucha, esta batalla. Fui readmitido, recibí un llamamiento, fui presidente de la escuela dominical, enseñé en la primaria de seminario e instituto. Y mientras tanto, una vez más, traté de enviar mis papeles a la misión, porque una vez más estaba preparado para poder hacer una misión de tiempo completo.
Pero una vez que todo había ido cuesta abajo, pasé por mi obispo OK. Pero tenía que pasar por el presidente de estaca. Me había olvidado de mencionar que el anterior había perdido su llamamiento porque estaba siendo investigado por el delito de corrupción, fue concejal en un pueblo cerca de la mía y había robado una gran cantidad de dinero, y fuera de eso él hizo muchas cosas equivocadas en la iglesia. Y, tomen en cuenta el detalle, él aún es miembro de la Iglesia, después de todo lo que hizo, solo que ahora vive en otra ciudad, pero no sé si él tiene llamamiento, pero no debe haber ninguna duda de eso.
Solo que el que lo reemplazó era de la misma, era no, es de la misma calaña que el otro, es decir, totalmente homófobo y extremadamente homófobo. Y a veces, hemos discutido, pero debido a su arrogancia y su manera grosera de tratar a las personas.
De todos modos pasé la entrevista con él por primera vez, todo bien, todo OK; dijo que enviaría los documentos; yo estaba muy feliz porque pensé que había llegado el momento tan esperado por mí. Servir como misionero.
Pero no, él me mandó llamar en otra ocasión a entrevista y me dijo que sería mejor para mí servir en la misma iglesia, pues él había orado y sentía que no debe enviar mi solicitud.
Ahora les pregunto: ¿Lo hizo? En mi honesta opinión, no. ¿O él se estaba vengando de mí a causa de nuestras peleas, o incluso por ser homofóbico y pensar que iba a echarme encima de los misioneros? Es decir, no fue todo lo que había hecho, fue casi en vano, porque se mantuvo firme y fuerte; una vez más mi sueño se había escapado a través de mis manos. Y una vez más, estaba solo, frágil y todo lo demás. Y una vez más, derrotado y sin saber dónde encontrar apoyo, volví a involucrarme con hombres. Sólo que esta vez no hablé nada con ellos y de nuevo salí de la iglesia.
Y de nuevo, después de un año (se ríe), ustedes deben estarme hallando un aburrimiento. Se reirán de tanto que escribo, pero quiero decir todo lo que me hicieron allá dentro.
Y otra vez pasé por el consejo, sólo que esta vez no fui meramente expulsado de la iglesia, sino casi fui excomulgado, pero no me fui, me quedé otra vez. Y de ahí nuevamente presidente de la escuela dominical, clases en la primaria, etc. Solo que el conflicto en mi vida continuaba y esta vez fue mucho peor, sin saber a quién acudir para pedir ayuda, me sentí solo, desamparado.
Y entré en el comienzo de la depresión. Quería matarme constantemente. Yo quería poner fin a esa sensación que sentía, quería poner fin a la agonía en que me encontraba. Y ahí fue que me decidí a buscar por mi cuenta un psicólogo, el cual me ha ayudado mucho para pasar de la etapa de negación, la que creo que es la fase más peligrosa de una persona, a la etapa de aceptación. Fue entonces cuando comencé a tener un cambio de mentalidad hacia la aceptación. Este psicólogo era muy bueno, porque no es como muchos que tratan de lavar el cerebro a la gente confundiendo más todavía a las personas; al contrario, él me ayudó mucho.
En fin, resumiendo, si no va a haber más historias, sonría. No fui excomulgado ni desasociado de la iglesia; todavía sigo siendo miembro de la misma, pero no la frecuento, voy de vez en cuando.
¿De qué sirve estar en un lugar donde soy discriminado, en la que no confío en nadie de allí?
Ah, me había olvidado de contarles. Sufrí otro gran prejuicio. Ah, detalle, no crean todo lo que ustedes hablen con su obispo o en el consejo de uno de ellos, porque todo es mentira, y lo sé muy bien.
He sido acusado en otra ocasión de pedofilia. Conocí a una familia de la iglesia hace muchos años, vi a sus hijos crecer y hasta ayudé a criarlos, ah, pero esta es otra familia, no es la que yo mencioné antes, no. El obispo, que era de otro barrio, habló con la madre dos niños y le dijo que no los dejara conmigo, porque yo era peligroso, aunque no sé qué tan de cierto hay de eso, porque él nunca llegó a hablarme o preguntarme si era verdad o no. Quien me habló de eso fue una chica que trabajaba en esa época en la casa de la madre de los niños. La madre de los niños le preguntó a la chica si yo había tocado a los niños de forma diferente, etc. Y ella le dijo que no, que yo nunca había tocado o hecho algo a los niños, porque los niños eran para mí como hijos y jamás yo iría a hacerles algo malo. Y ella le preguntó el por qué de la pregunta. Y la madre de los niños le dijo que el obispo le había dicho que no dejara a los niños conmigo. Pero algo bueno sucedió, pues ella no los apartó de mí, ya que eso me mataría por dentro. Los niños, los tres, son como hijos para mí, pues los vi en la barriga de su madre, y los vi nacer y hasta hoy convivo con ellos. Mi amor por ellos es el de padre. La chica que me lo contó me pidió que no comentara nada al respecto, porque temía perder el empleo, y que si ella me habló de eso fue porque no concordaba con eso y me dijo que nunca iba a entrar en mi iglesia, pues ellos son homfóbicos y no deberían hacer ese tipo de cosas, pues ella me conoce muy bien y sabe de mi carácter y sabe que yo nunca haría mal alguno a los niños, ni a ningún otro niño. Ella quedó indignada y yo más todavía, pues quería enjuiciar a la iglesia por calumnia y difamación.
Yo no encontré acertado lo que hicieron conmigo, ¿cómo me pueden acusar de algo que no es verdadero y aun más, propagar algo de ese tipo? Pero al final no hice nada por la chica, por no querer hacerle daño a ella y no perjudicar a la iglesia, incluso después de que aquellas personas hayan hecho algo tan terrible conmigo. ¿Qué hice para que me persiguieran de esa manera? Nada, nunca hice nada contra ellos. ¿Y por qué tanta rabia y persecución de este modo? Ellos me hicieron un mal muy grande en mi vida, pero no pagué el mal con mal, aunque pude haber demandado, e incluso ganar dinero, pero, ¿iba a tener felicidad? No, no la obtendría porque, ¿qué ganaría con tener el dinero de ellos y no ser feliz?
Hoy me encuentro feliz, no completamente, pero mucho mejor que antes; hoy estoy más fuerte, más seguro de mí mismo. Preparado para luchar contra todo y contra todos los que quieran hacerme daño y aun en contra de mis amigos.
Hoy en día mi familia sabe quién soy; mi madre me llevó en una boda de mi hermana, los demás no, pero es otra historia, otro capítulo.
Lo que quiero es ayudar a otros que como yo han sufrido el perjuicio o el desprecio, de aquellos que están en sus llamamientos, en los que deberían ayudar y no juzgar y prejuzgar a la gente que van a ellos en busca de ayuda.
Mi nombre es Wagner, a quien quiera ser mi amigo, estoy aquí con los brazos abiertos para poder ayudar y orientar a aquellos que necesitan ayuda.
Gracias por todo y voy a pedir disculpas por la enorme carta que he escrito. Ah, una cosa más, en mi página de facebook puse un artículo sobre los mormones gays y lesbianas referente a la decisión de la Corte Suprema de California, que está causando una polémica, porque tengo amigos que son la iglesia en la que están discutiendo conmigo y otras personas y amigos que no son de la iglesia y que son gays.

28 de abril de 2011

¿QUÉ ES SER LESBIANA?



por Brus Leguás C.

Una conversación con Roxana López, de Afirmación Tucumán, Argentina.

Fue hace mucho tiempo cuando aprendí que lesbiana es una mujer que está por placer con otra mujer. Después entendí que podía ser por afecto, amor, sexo, etc. Con el tiempo, comprendí que decirles lesbianas, es además, un hecho político de visibilidad a las mujeres en un mundo patriarcal, muy diferente que decirles homosexuales femeninas. La palabra homosexual, en la actualidad, está en el imaginario colectivo como gay-hombre, y lo de femenino se volvería un adjetivo arbitrario. Pero, las lesbianas pueden ser, igualmente, a pesar de lo anterior, identificadas como mujeres homosexuales o mujeres gays. Es cuestión de preferencias. Y de cultura también.
Bueno, el asunto es que llamado a no quedarme en lo meramente genérico, ha surgido la necesidad de hablar un poco acerca de qué es ser lesbiana. Obviamente yo no puedo decirlo de primera fuente, tengo que averiguar, preguntar, investigar, y llegar a una comprensión que quizá no sea académica pero que sí responda a las necesidades de información de las personas y, mejor aún, a la realidad cotidiana, esa que va más allá de las clasificaciones, de las definiciones y de las catalogaciones y de los encasillamientos a que estamos acostumbrados.
Entre conversaciones en distintos lugares, me di cuenta de que hay mujeres lesbianas que nunca han adherido a la definición de que lesbiana es una mujer que ama a otra mujer. Muchas mujeres, ahora, entienden la lesbianidad como una categoría política y no como una circunstancia amatoria / amorosa / ¿coyuntural?... ¿Si no ama, no es? ¿Y si no es amada, vuelve a la norma heterosexual?
Más adelante, en mi caminata por la vida, y a fuerza de monsergas, discursos, declaraciones de principios y muchas otras cosas, entre libros y líderes espirituales, me di cuenta que ser lesbiana era ser anormal, puesto que no seguía la norma establecida social y culturalmente que se les había asignado al nacer. Las lesbianas se rebelan a la heteronorma y eligen ser parte de una disidencia sexual. Hay muchas que eligen esa herramienta para correrse del casillero otorgado, no se conforman con “derechos iguales” ya que eso implicaría la continuidad de una sociedad a la que pretenden cambiar, siendo radicales, buscando transformar esta sociedad desde la raíz.
Desde esta visión fuera del cuadradito normativo y con la libertad que también me otorga la indispensable herramienta de la rebeldía, tuve la posibilidad de seguir observando a través de conductas que se oponen a las reglas estrictas del sistema opresor y ordenador.
La idea de muchas mujeres lesbianas es revisar y (re)crear formas de vida que las lleven a vivir en armonía con sus cuerpos, placeres, deseos, amores, reinventando sus propios códigos. Sin propiedad privada de cuerpos ni deseos instituidos. Ser una amante en libertad no implica, necesariamente, estar todos los días con alguien diferente, es revolucionar prácticas y formas; es reapropiarse de sus cuerpos; es estar en permanente comunicación consigo mismas. También con sus fantasías y necesidades.
Mientras desarrollan sus actividades cotidianas, miran a la gente, se miran, observan las ropas, posturas, abrazos y notan que su deseo no siempre condice con su género. Si bien algunas siempre saben que no son ni desean ser “femeninas”, sino feministas, porque también se entiende que el ser mujer no es sinónimo de femenina. Los géneros son muchos, variables, nómades. Imagino que si consiguiéramos romperlos, caerían un montón de pedacitos y así se desintegrarían. Finalmente acabaríamos con el binomio hegemónico de la masculinidad versus la femineidad, y entonces, podríamos abrir la puerta e invitar a entrar a tantas variedades intermedias e inimaginables hasta ahora.
El mismo rompimiento podríamos hacerlo respecto a las sexualidades.
Una amiga, o mejor dicho, una conocida cercana, me dijo que un día, al doblar la esquina, en una callecita se encontró con un libro abierto de la Beauvoir, “mujer no se nace, se hace”. La leyó y siguió caminando, manos en los bolsillos, y pensando lo que una mujer representa en esta sociedad: casa-miento heterosexual y monogámico, unido al ser dueña de casa para siempre, la procreación del llanto obligatorio, hacerle la comida al marido, plancharle sus camisas y pantalones, levantarle la toalla mojada del piso, sin mencionar la obligatoriedad del aburrido sexo del entra y sale compulsivo, aparte de que hoy en día también debería trabajar fuera de casa (lo que ella considera lo mejor de todo). Annabella me contaba que un día, caminando junto a la playa, en un hermoso atardecer de verano, mientras se preguntaba dubitativa y cabizbaja si ponía piedras en sus bolsillos y entraba lentamente al agua, como al estilo de Alfonsina, vio venir un objeto no identificado hacia ella. ¡Finalmente resultó ser una botella con un papel adentro! ¡Traía un mensaje! “Las lesbianas no somos mujeres. Monique Wittig”. Ahhh niña, que por ti suspiro…
Uno de los últimos descubrimientos, es que hay lesbianas que están, a veces, con varones y siguen siendo lesbianas. Bueno, pero eso no es ningún descubrimiento, ellas siempre lo han sabido. Nosotros también.
Seguramente, el ser lesbiana es todo un mundo, mejor dicho, un universo, que para muchos y muchas resulta ignoto e ininteligible, pero es la realidad que viven a diario miles y miles de mujeres de este país y de todos los países, que se saben diferentes, que anhelan los mismos derechos que las demás personas, ni uno más, ni uno menos. Y son mujeres tan completas y normales como todas las mujeres, con las mismas capacidades, con sueños, deseos, anhelos y motivaciones, personas normales que tienen la misma dignidad que las demás mujeres y que los hombres, por el solo hecho de ser personas.
Después de observar el maravilloso fin de tarde sobre las colinas que limitan el valle de Quilpué por el poniente, vuelvo al comienzo, ¿qué es ser lesbiana?
Entonces, hablé con Roxana. Ella es una mujer que tiene una gran entereza, que tiene un testimonio del Evangelio, de sí misma y de su experiencia en la vida. Y esto es lo que ella dice de sí misma:

¿Qué es ser lesbiana? Parece ser una pregunta sencilla que amerita una respuesta sencilla pero no es así. Podría responder que ser lesbiana es simplemente hacer referencia a una mujer que ama a otra mujer. No obstante no es correcto. Esto es solo aquello que se observa de manera superficial. Entonces... ¿Qué es ser lesbiana? Creo que para responder esta pregunta hay otra anterior y mucho más profunda, ¿Quién es lesbiana? Pues bien, si partimos de la primera respuesta; es decir es una mujer que ama a otra mujer, nos encontramos con el concepto fundamental: dicho concepto es el ser mujer. Hasta este momento nos encontramos con que una lesbiana es una mujer. En este punto surgen otras dudas. En primer término ¿Todas las mujeres son lesbianas o potencialmente pueden llegar a serlo? Por supuesto que no. ¿Tan solo cuando una mujer ama a otra es lesbiana? Y respondo: Terminantemente no.
¿Qué es ser lesbiana? Hay lesbianas que viven en silencio, que jamás se atreverán a aceptarse ellas mismas y, mucho menos, abrir su boca para expresar sus sentimientos o ideas. Un temor interno les paraliza aquella parte a la cual rehúsa abrir una puerta en su vida. Por eso ¿Dejan de ser lesbianas? Terminantemente no.
Hay lesbianas que luego de un arduo proceso interno aceptan su sexualidad pero, por decisión propia jamás lo hacen en público. Continúan sus vidas desde el silencio. Por eso ¿Dejan de ser lesbianas? Terminantemente no.
Hay lesbianas que motivadas por el deseo de construir una familia, de tener hijos forman pareja, ya sea dentro del matrimonio o fuera de él, con un hombre. ¿Dejan de ser lesbianas por haber estado al lado de un hombre? Terminantemente no.
¿Dejan de ser lesbianas por tener hijos? Terminantemente no
Hay lesbianas que se dedican al activismo político, luchan por los derechos de la comunidad LGTB, dan la cara. ¿Son ellas las autenticas lesbianas? Terminantemente no
Hay lesbianas para las cuales la consagración religiosa es aquello que da sentido a sus vidas: el servicio al prójimo y a Dios. ¿Dejan de ser ellas lesbianas? Terminantemente no
Entonces… ¿Qué es ser lesbiana?
Ser lesbiana es ser la mujer que aprendió a amarse y valorarse a sí misma como persona y ser humano. Una lesbiana es una mujer que a partir del descubrimiento de la riqueza de su mundo interior, cuestiona en forma permanente roles, mitos, estereotipos de géneros asignados por la cultura a hombres y mujeres. Una lesbiana es una mujer que resiste mandatos que considera injustos o posibles de mejorar. Una lesbiana es una mujer que cree en la igualdad sin distinción de sexos, razas, clase o religión, entre otras cosas, y crea y recrea estrategias para luchar por ella.
¿Que es ser lesbiana? Ser lesbiana es un acto íntimo, no de intimidad. Es una construcción a la cual se accede luego de desconstruir el yo… quedando en la profundidad del ser ¿Quién soy? ¿Qué me gusta? ¿Qué me disgusta? ¿Cómo me siento? Son solo preguntas que componen este dialecto interno. Ser lesbiana es mirarse en el espejo del alma y decirse “soy mujer” me amo, soy valiosa y enfrento el mundo desde mi propia dignidad, caminando con mis pies y fundamentalmente dejando que mis guías sean el corazón, la intuición y la razón.

Quedo con esta impresión de primera fuente, de primera mano también, para seguir aprendiendo de lo que es ser y lo que no es ser una mujer lesbiana en el mundo de hoy.
Pero, en vista de todas las declaraciones de líderes y dirigentes espirituales, ¿puede una lesbiana ser creyente?
A menudo la respuesta es no. Demasiado a menudo, nuestros prejuicios sociales nos llevan a condenarlas de antemano. Pero, ¿cuántos sacerdotes, pastores, rabinos —o como sea que se designe a un líder espiritual en particular— han dicho que el Antiguo Testamento no se refiere en absoluto a la homosexualidad femenina? Y esa es la verdad absoluta y definitiva: en vanos buscamos en el Antiguo Testamento una referencia a mujeres lesbianas, ni por si ni por no.
De hecho, en toda la Biblia se encuentra una sola referencia al lesbianismo, y es en el primer capítulo de la Carta del apóstol Pablo a la iglesia de los Romanos, con referencia a las prácticas religiosas que se consideraban por esos entonces abominables dentro de la Iglesia cristiana, la que en esos tiempos era considerada y tratada como una secta peligrosa y que destruía a la familia y los valores morales de los ciudadanos del Imperio.
De nuevo, el testimonio de Roxana, quien participa activamente en las actividades de Afirmación Tucumán, en San Miguel de Tucumán, República Argentina, viene al caso. Ella es lesbiana, pero también es mormona y, sobre todo, una mujer de fe.

¿Puede una lesbiana ser mormona? Terminantemente si puede.
Mi anillo el que comúnmente conocemos entre los miembros de la iglesia dice HLJ “Haz lo justo”
Mi mano lo luce con dignidad, me he preocupado en hacer las cosas de manera justa, acorde a las enseñanzas del evangelio de Jesucristo, creo en mi Padre celestial, confío en Él. Me he arrodillado muchas veces a orar por mil causas, a pesar de mi orientación sexual no dejo de tener fe. Cristo es la causa de mi vida porque fue el primer hombre que se atrevió a cuestionar y a transgredir cánones y mandatos, porque no eligió a quien curar y bendecir y a quien no, ni tampoco oprimía con aflicciones a quienes le solicitaban sus servicios. Entre sus brazos no hay exclusión sino que todas y todos somos iguales y nos mira con ojos de un padre amoroso y nos bendice cada día, y nadie queda fuera.
Finalmente quisiera dejar una imagen de que es ser mormona y lesbiana: Es sentirme como un árbol, con sus raíces enterradas profundamente en la tierra buena, siendo nutrida por el agua viva de Cristo, con su tronco firme y robusto para hacer frente a los avatares de la vida y las ramas hacia el cosmos, cual brazos que se abren al Dios creador y recibe con amor, alegría y agradecimiento a la diversidad de su creación.
Existen muchas mujeres lesbianas a las cuales les interesa ser un instrumento en las manos de nuestro Padre Celestial, muchas de nosotras nos preparamos para lograr servir de forma eficiente. Y no dudamos en solidarizarnos en causas justas.
Sentarse por un instante en cualquier lugar y conversar con alguien que se siente desesperada o desesperado porque cree que nadie le comprende y encontrar la seguridad de la confianza y expresar que se es lesbiana o gay, trans o bisexual es un inmenso paso a la realidad. Es muy gratificante saber que no estás solo o sola, que quien te escucha no va a echar tela de juicio sobre ti porque también es lesbiana o gay quizás bisexual o transexual y entiende lo que te pasa porque también ha sufrido esas mismas cosas que hoy te suceden a ti... He escuchado de jóvenes que han intentado el suicidio porque sus padres les rechazan o no les escuchan. Otros se abandonan a las drogas o pierden el interés de superarse porque nadie les muestra cuán valiosos son. Somos discriminadxs en muchos lugares y de diferentes formas. Discriminarnos entre nosotrxs sería la cosa más fea de la que jamás quisiera ser parte. He aceptado mi orientación sexual desde muy joven, quizás desde mis 7 años, precoz diría mi obispo, que de hecho sabe de mi orientación, al igual que mi presidente de estaca. A mis 17 conocí la iglesia mormona, me bauticé sabiendo que jamás me casaría con un hombre. Aspiro a tener una pareja estable, o por lo menos lo he intentado. Sé que mis decisiones tienen consecuencias altas, que estoy lista a asumirlas cuando el Señor me llame a Su presencia. De seguro cuando me pregunte si fui feliz, le diré que sí. Actualmente me he enamorado otra vez y cuesta creer que también existamos dentro de las iglesias y hablo de todas las iglesias en general. Algunas somos visibles, otras no tanto y por ultimo existen quienes tienen una doble vida; no las culpo, en todos los lugares no hay personas comprensivas. Somos mujeres que amamos diferente, quizás de forma especial. Reímos, lloramos, sentimos, oramos, tenemos madre, padre, hermanos, sobrinos, amigos, vecinos, sentimos cosquillas, y nos enamoramos de personas de nuestro mismo género. También fui una de esas personas que necesitaba abrir su boca y ser escuchada, no buscaba aprobaciones, quería ser yo…esto siento… esto es lo que me pasa. Mi madre lo sabe, mi familia también. Soy lesbiana, soy mormona, y soy una mujer muy feliz.

Puedes escribir a Roxana sobre esta nota a roxylopez33@hotmail.com o a afirtucuman@hotmail.com.ar.